Movimiento Estudiantil UT: ¿Memoria Rota?


| Por: Camila León y Harold Rueda * |

 

El movimiento estudiantil ha sido históricamente una de las principales banderas de lucha de la clase obrera y de los sectores populares. Durante décadas, imaginar a los hijos e hijas de trabajadores dentro de la universidad era, en Colombia, un sueño casi inalcanzable. La educación superior fue concebida como un privilegio de las élites, mientras el conocimiento operaba como una herramienta de exclusión. Lo que hoy reconocemos como un derecho fue, en realidad, una conquista arrancada mediante la movilización, la organización, el sacrificio y la persecución. Muchas de nosotras y nosotros habitamos hoy la universidad sin plena conciencia de la sangre simbólica y real que se derramó para abrir esas puertas. Desde ahí entendemos que el movimiento estudiantil no es un capricho juvenil, sino una necesidad histórica que hoy atraviesa un proceso profundo de silenciamiento y desgaste.

 

Este ejercicio se construyó a partir de entrevistas realizadas a estudiantes de diversos programas académicos de la Universidad del Tolima y a líderes sociales vinculados a procesos de organización y lucha. A través de sus voces, buscamos recoger percepciones, memorias y experiencias sobre la lucha universitaria, así como comprender las transformaciones, tensiones y desafíos que enfrenta hoy el movimiento estudiantil en el contexto local y nacional.

 

Reconocemos que la relevancia del movimiento estudiantil no surge únicamente de las luchas obreras, sino también de generaciones de estudiantes que asumieron la responsabilidad de defender lo conquistado y de ampliar esos derechos. Sin embargo, la precarización de la educación pública en Colombia es evidente y estructural. Las universidades públicas han sido golpeadas por el desfinanciamiento crónico, la corrupción institucional y la constante mercantilización del conocimiento. Lo público ha sido reducido progresivamente a una carga y no a un derecho. La universidad ha dejado de pensarse como un espacio de transformación social para convertirse en una fábrica de títulos y de mano de obra barata al servicio del mercado laboral.

 


Huelga de Hambre por Gratuidad en las Matrículas Universidad del Tolima. Huelguista, Camilo Pinzón de Licenciatura en Ciencias Sociales. Julio 2020, en pandemia. Fotografía: Camilo Toro.


A lo largo del tiempo, la universidad no solo ha sido un lugar de formación académica, sino también un escenario político, cultural y social. Allí se han tejido disputas de ideas, conversaciones profundas, procesos colectivos y expresiones artísticas que han permitido que las y los estudiantes se reconozcan como sujetos históricos. La universidad fue, y debería seguir siendo, un espacio de vida: un lugar donde se crean comunidades de sentido, donde se construyen amistades políticas y donde se aprende a convivir con la diferencia. Hoy observamos con preocupación que ese espíritu se ha ido diluyendo. La mayoría de los estudiantes asiste a clases, cumple tareas, entrega trabajos y se desconecta, sin llegar a vivir realmente la universidad.

 

Al analizar las respuestas de compañeros y compañeras, comprendimos que el movimiento estudiantil es víctima de una generación atravesada por una profunda pérdida de memoria política. Existe una ruptura entre las luchas del pasado y las realidades del presente. Ya no se transmiten las historias de organización, los nombres de quienes lucharon, las estrategias colectivas ni los sentidos éticos de la movilización. La formación política prácticamente ha desaparecido de la vida universitaria y ha sido relegada a pequeños grupos marginales. Sin formación política no hay conciencia, y sin conciencia la movilización se vacía de contenido y de horizonte.

 


Intervenciones artísticas en el marco de la movilización UT. Universidad del Tolima 2023 – 2024. Holografía: Autor Anónimo.


En paralelo, se ha instalado una cultura de la inmediatez alimentada por las redes sociales. Muchos estudiantes se informan a través de contenidos breves que simplifican los problemas y los convierten en entretenimiento. Plataformas como TikTok han desplazado la lectura, la conversación y el debate. Se prefiere un video de treinta segundos antes que un libro, una asamblea o un texto crítico. Esto no solo empobrece la comprensión de la realidad, sino que nos vuelve más vulnerables a la manipulación y a la desinformación. Donde no hay profundidad, no hay pensamiento crítico.

 

También identificamos cómo el consumo excesivo de alcohol y sustancias psicoactivas ha impactado la manera en que se percibe la lucha estudiantil. No se trata de moralizar ni de señalar individuos, sino de reconocer que estas prácticas han sido utilizadas para deslegitimar las luchas colectivas. Se ha construido una narrativa que asocia al estudiante organizado con la irresponsabilidad, el caos y la violencia. Esta imagen ha resultado funcional a los intereses de quienes desean una universidad pasiva, sin pensamiento crítico y sin capacidad de organización. Al mismo tiempo, estas dinámicas erosionan la ética colectiva, o lo que podríamos denominar una moralidad superior, entendida como compromiso con el bien común, responsabilidad histórica y cuidado de la comunidad.

 

Nos preocupa, además, el avance de discursos autoritarios y de prácticas cercanas al fascismo en la sociedad contemporánea. Se promueve la idea de que cuestionar es problemático, que organizarse es un delito y que protestar equivale al terrorismo. Se exalta la autoridad por encima del diálogo y se normalizan la vigilancia y el control. Esta lógica ha permeado la vida universitaria, generando miedo, autocensura y desconfianza. En un entorno regido por la censura, el silencio se convierte en refugio, pues alzar la voz supone desafiar un riesgo que pocos se atreven a costear.

 


Intervenciones artísticas del Movimiento feminista UT. Universidad del Tolima 2023 – 2024. Holografía: Autor Anónimo.


El desarrollo acelerado de las inteligencias artificiales ha transformado de manera significativa los procesos educativos. Cada vez más estudiantes delegan la tarea de escribir, pensar, analizar y crear en herramientas automáticas. Esto no solo afecta el rendimiento académico, sino que debilita la autonomía intelectual. Cuando dejamos de pensar por nosotras y nosotros mismos, perdemos la capacidad de cuestionar el orden establecido. Las consecuencias son profundamente políticas y sociales, pues se forman sujetos más dóciles, menos críticos y más fáciles de gobernar.

 

En el caso específico de la Universidad del Tolima, reconocemos que el movimiento estudiantil no está muerto. Lo que existe es un silenciamiento sistemático, un desgaste acumulado y una sensación generalizada de derrota. No solo porque los procesos organizativos no se hayan renovado con suficiente fuerza, sino porque el olvido colectivo ha facilitado la aceptación de condiciones cada vez más precarias. La falta de recursos, el temor a las represalias, la necesidad de trabajar mientras se estudia y la presión constante por sobrevivir han limitado la posibilidad de sostener procesos organizativos estables.

 

Aun así, afirmamos que el movimiento estudiantil sigue vivo en gestos pequeños y en resistencias cotidianas. Vive en los murales, en las tertulias, en los círculos de lectura, en las asambleas que aún se realizan, en los grupos culturales que resisten la lógica del mercado y en las conversaciones honestas que nacen en los pasillos. El desafío no consiste únicamente en reactivar estructuras formales, sino en recuperar el sentido profundo de vivir la universidad como un espacio de vida colectiva, de creación cultural, de pensamiento crítico y de construcción de comunidad. Solo desde ahí será posible reconstruir un movimiento estudiantil que no sea visto como una amenaza, sino como una fuerza legítima para transformar la realidad social.



Florecita, Defensora de los Derechos Humanos quien ha acompañado la mayoría de las movilizaciones y vías de hecho de los estudiantes de la Universidad del Tolima. Fotografía: Camilo Toro.




 Fotografía de portada: Después de más de una semana de Huelga de Hambre, se aprueba la Matrícula 0 para la Universidad del Tolima. Julio 2020, en pandemia. Fotografía: Camilo Toro.


*Trabajo final de la materia Introducción a las Ciencias Sociales. Estudiantes de Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad del Tolima.

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