| Por: Felipe Ramírez |
“Vivirás en las gargantas que al gritar…” Gritar por la juventud, por la injusticia y la impunidad, por el desasosiego de una sociedad violenta, cruda, inhumana y cruel, y por los problemas que aquejan a la frágil humanidad, sin pretender realmente ser escuchados o que en algún sentido el verso causase su cometido en un microcosmos mezquino, intolerante, ridículamente exigente, descrestado y consumido por la descarga anglosajona, ajeno a la simpleza del cañón, la cordillera, las llanuras, los cerros y páramos que siempre suscitaron historia, arte, mitos y leyendas de una noble pureza arrebatada. Quisimos que fuera la expresión por medio de la música estridente, pesada y rápida, nuestra forma de deshago. La cuna no fue la academia, ni una hegemonía musical arraigada, la cuna fue simplemente el claustro ilustre en el que convergimos, alimentada por generaciones de influyentes, selectivos y de cierta manera sofisticados oídos, de los cuales se desgajaban tonadas de cuerda y poesía, de distintos patrones rítmicos, autóctonos, alegres y melancólicos, románticos y desolados para dar paso a la modernidad “eléctrica”, de fuerza y desgarre, compaginado a un panorama de cansancio, repulsión y odio.
Las bandas en ese entonces oscilaban entre el “Thrash” y “Death metal” de culto, punk de corte español y su versión medallo “chatarrisada”, el ya entrante estilo americano más elaborado y melódico, la variación “totasiada” Crust y el hardcore saltarín de fraternidad y unión que apenas sabíamos qué hacía eco en algún lado de la ciudad; en este sentido estaría hablando de bandas como “Estertor”, “Ghoulish pain”, “Acrimonia”, “Rencor”, “Leyenda”, “Deidad infinita”, “Verdugo”, “Gayantia”, “Hedor”, “Berrinche,” “Desnuque”, “Dizkordia”, “Acme”, “KRH”, “Cinco sentidos” (solo agarrando un puñado de estas), las cuales solíamos ver en bares como “Moe’s” o en “Sónica”, “El Arca”, “Rock”, la Universidad del Tolima etc.… escapándonos del colegio con jeans entubados por debajo de la sudadera para asistir.
El aprendizaje así mismo también derivó de personajes involucrados en ese puñado de bandas y tuvo su importancia formativa, el hecho de analizar el bagaje creativo de un “Peche” y forma de tocar y sonar pesado y brillante, el ya deslumbrante talento de un “Junior” y su “picking” y digitación del diablo, haciendo lo que llamábamos “doble armonías” con Fabio, la máquina “Socha” y su “blast beat” de metrónomo; los desgarres desquiciados de Dusan y los guturales macabros de Mauro, el multifacético Marlon tocando en todas las bandas de punk, la forma poética de escribir punk de Gustavo, los prodigiosos dedos en el bajo de el “Gordo”, los riffs espaciales y enigmáticos de Cristóbal y el chico amable Tomas, que quizá más adelante seria la conexión entre los chicos metaleros y el hardcore.
Decidimos en 2008, en casa de uno de nuestros mejores amigos en común: “Victorino”, escuchando “Suicidal tendencias” y su álbum “freedom”, mientras tomábamos Ron Jamaica, emprender el viaje que hasta el día de hoy nos vincula y nos modifica, como una metamorfosis imaginativa, que tiene como todo proceso altos, bajos, cambios, replanteamientos y nuevas facetas a través de los años.
El primer reto fue hacer las primeras 5 canciones, para presentar en un primer toque en el que súbitamente fuimos incluidos. Quizá éramos la única banda del que entonces mostraríamos como Metal Crossover en Ibagué, por lo mismo la asistencia fue variada. Fue curioso ver peludos y emos en un mismo recinto. No se niega el exquisito sabor de la adrenalina contra reloj de la cual surgieron algunas de las que ahora después de 14 años siguen siendo las canciones con las que comenzamos a abrirnos espacio en la tan caprichosa escena hasta entonces dividida en “géneros”, “parches” “sub parches” “intocables” y demás ideas anticuadas, excluyentes e innecesarias que creaban barreras invisibles entre chicos ávidos de gritos y distorsión, las cuales tocamos ese día.
Comenzamos a estar incluidos en todo espacio sin exclusión de género, por lo que nuestra misma autodenominación fue una mezcla de estilos. Un ejemplo fue un mítico concierto en el bar “Doom”, con bandas de “Crust” de Venezuela, KRH, la exponente clásica del género en la ciudad cerraba el concierto, y nosotros los chicos del “metal punkero” ese, sin copiar de nada allá resultamos tocando; se veían crestudos, peludos, tatuados, “harcoretos”, “crusetos” y no cabía una persona más debajo de ese techo empapado de sudor. Los micrófonos se estrellaban con la frente y dientes por la intensidad del empuje en el público y en resumidas cuentas fue un gran toque que al final no terminó tan bien.
Hacia el 2009, grabamos el primer demo de 5 canciones con el ingeniero de sonido Gabriel Medina. Este paso nos abrió la posibilidad de sonar y dar a conocer la banda, aplicar a convocatorias y autoevaluarnos. Pocos meses después estaría entrando a la tripulación Andrés “El negrito” Guevara, que caía como anillo al dedo a nuestro ánimo de dar nuevos colores a la música y su ejecución. Este sujeto no había tocado en una banda con tales características, rapidez y fuerza, pero tenía toda la carga rítmica colombiana y percutiva del mundo. Al poco tiempo ya estaría totalmente acoplado y tocando un “tupa tupa” que lo hacía saltar de su silla como un conejo silvestre y feliz entre los arbustos a toda máquina, el mismo que desde el primer redoble removió el público de una de las fiestas más recordadas por nosotros: “Desconcierto a cielo abierto”, concierto realizado en la Universidad del Tolima, en rechazo a la mega minería en Cajamarca.
La dinámica de composición cambió, buscamos el sitio más remoto y tranquilo en el abismo del jardín botánico de la UT, con una guitarra acústica y un cuaderno, se comenzó a cocinar lo que sería “Generación degeneración” nuestro primer álbum de larga duración. A “Cucho” ya lo habíamos visto tocar, había sido el baterista de “Cinco sentidos” y al encontrarse sin proyecto alguno, no dudó en decir que si cuando le propusimos tocar en la banda. Las canciones se reinventaron a su estilo y estábamos de nuevo en el ruedo. Aplicamos para un festival llamado “Rock en la zona” en Chinchiná, con el cual volvimos a organizar una especie de tour. Por diferentes motivos fue necesario buscar otro baterista.
El respeto, la admiración, la devoción que siempre le tuvimos a Marlon y que lo hacía inalcanzable quizá por su trayectoria musical, tenía -sin darnos cuenta- cierta reciprocidad. Respondió que si iba a tocar con nosotros con una sutil alegría. Con su entrada en 2011 a un par de meses tuvimos la segunda presentación en el Festival. Para comienzos del 2012 estaba listo el disco, ya que el ensayadero de Marlon se había vuelto un segundo hogar y lugar de trabajo arduo. Nos endeudamos, recolectamos, nos patrocinaron algunos allegados. A mediados de año, nos encontrábamos en las salas de Audio Factory en Bogotá, con “Chumy”, sacando todo lo mejor de nosotros, en contra del tiempo. El problema era mantenerse los días de grabación. Las “cachetadas de Chumy” nos hicieron ir a casa pensando que no sabíamos tocar del todo bien, retroalimentación necesaria, que, en vez de opacar, nutrió el faltante en nuestro quehacer musical.
Para Final del 2012 volveríamos a clasificar a Ibagué ciudad Rock, ya teníamos casi que el master final del álbum. Ese mismo año fuimos a tocar en el “Galeras Rock”, en Pasto. Unos meses después se desató un conflicto que trajo cambios. El nuevo bajista fue el “Gordo”, un elemento diferenciador en todas sus apariciones musicales, y también para nosotros un “demonio” como le solíamos decir. El lanzamiento oficial del “Generación degeneración” tuvo lugar días después de su entrada a la banda, fue un evento sublime en el auditorio central de UT. Seguido de esto vino un concierto en el “Speed punk hardcore fest” en Neiva, creando un vínculo con los chicos y bandas de la ciudad, ya que habían escuchado el disco y causaba bastante acogida y en medio de todo influenciaba según nos cuentan, la creación de bandas con estilos inspirados en él, para nosotros eso fue un honor total.
Marlon, con su también reconocido carácter fuerte, un día, nos manifiesta que se sale de la banda, un golpe difícil de sobrellevar que afectó la composición del segundo disco. El conjunto de sentimientos de aquel momento condujo al tema de la muerte, pilar que hallaríamos como inspiración y odio para construir la carretera por la que se emprendería el “viaje sin regreso”. Tal vez esa misma oscuridad que nublaba todo, no permitía la empatía con la sonoridad entre nosotros, había entrado a tocar la batería “Lucho”, y la esencia de la tripulación actual ya no era la misma, creaba un ambiente de estridencia y rapidez tensionada, lejos de la banda que solía ser, con un nuevo rumbo, y con nuestros corazones en reconstrucción, optábamos por salir en sones destructivos. Volvimos a tocar a Neiva un par de veces, tratamos de tocar también con Pimiento el primer baterista, con el cual estuvimos en Ozzy bar con un cartel de peso en los 10 años de “Terminal War” y junto con ellos “Perpetual warfare”; pero parecía que no dábamos en el punto, el legado más que la nostalgia de haber tenido un estilo arraigado, desaparecía.
Cuando retornó Marlon, la magia fue volviendo en cada ensayo, para mediados de año estábamos acoplados de nuevo y con un nuevo aire revitalizado para competir en las eliminatorias en vivo para el ICR del 2016, al cual pasamos con uno de los puntajes más altos. Neurosis una de las bandas legendarias para cualquier metalero y rockero quizá en Colombia, tocaría antes que nosotros el día en que vimos llover gente al festival como nunca y con toda razón, tocaba “La Pestilencia”, banda aún más influyente en la escena, y a la cual abriríamos para dar cierre al festival. Apoteósica e inolvidable presentación, pocos meses después el hicimos lanzamiento del nuevo álbum.
En 2019 fuimos a tocar a “Ace of spades” en Bogotá para el lanzamiento del álbum de “Ayhuasca”, amigos que admiramos y apreciamos bastante, junto a otro excelente cartel, también recientemente hemos estado trabajando en lo que será el tercer álbum de la banda, sacando sencillos y su video clip respectivo, apuntándole a la mayor calidad posible, lo cual ha sido divertido e interesante de hacer. 2020 cierra con una presentación en ICR en su versión virtual por todo el tema de pandemia que más que enfriar las cosas, pareció un periodo perfecto para la creatividad y meditación, y se siente en la ciudad, en las bandas, en los chicos que apenas empezaban a darle rienda suelta a sus ideas; al igual que todos, para emerger como el ave fénix, en llamas, trayendo consigo un arsenal de arte hecha pólvora y ganas infinitas de hacer las cosas realidad, saltar y volear patadas, cabecear y enloquecer de pasión con lo que nos liga a todos: la música.
Sigue la vida, el camino aún no termina, y después de 13 años de historia, seguimos “El enano”, “Marliton”, “Carrillo” y “El mono”, demostrando que esto de tener una banda es un compromiso que exige persistencia, humildad, perseverancia, carácter, disciplina; que hacer parte de un proyecto quizá de por vida, implica aprender a conocerse entre todos, tolerar, enseñar y aprender sin egocentrismos, ceder sin vergüenzas, y dejar el orgullo sólo para el momento en que todos volvemos a salir a escena. Porque el equipo fortalece, enorgullece, lo hace a uno parecer más fuerte y seguro, así carezca personalmente de las anteriores. Todos somos portadores de miedos y frustraciones a su modo, y más allá de esperar conseguir fama, reconocimiento o dinero con esto del arte, es más importante ser feliz junto a grandes personas, junto a hermanos de vida, dejando siempre el pedazo de tierra en que el destino nos puso para seguir gritando hasta la muerte “vivirás, vivirás, vivirás mi Tolima”.
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