| Por: Valentina Zabala Monroy / Ingry Tatiana Ortiz / Laura Jimena Orozco* |
"Corre fuego por mis venas y el corazón me late a tal velocidad que apenas puedo contar sus latidos. Lo único que me queda en esta hora de agitación son las ideas que ya poseía y las decisiones que me inculcaron, y en ellas pienso apoyarme."
JANE EYRE
Es más que conocida la realidad de aquellas mujeres europeas y norteamericanas que marcaron la historia del feminismo durante el siglo XIX. Las famosas olas de dicho movimiento que en general han sido excluyentes y singulares sólo toman en cuenta las vivencias de un puñado femenino. En un mundo en donde abundan mujeres en escenarios tan particulares y difíciles, escenarios de dominación patriarcal y explotación atravesada por la raza, la clase, la sexualidad y el colonialismo, su realidad no es escuchada ni tomada en cuenta en aquella teoría feminista blanca, privilegiada y fascista de occidente. Así pues, concretamos que es importante tomar en cuenta las luchas feministas de las mujeres latinoamericanas, africanas, asiáticas y muchas más invisibilizadas, como las de los lugares mal llamados como “lo otro” porque desde mucho antes de las grandes revoluciones “mundiales” y europeas, ellas ya se manifestaban en contra del patriarcado y de las prácticas machistas, retrógradas y coloniales.
Ahora bien, estas luchas interminables con enormes esfuerzos por cambiar las circunstancias que atraviesan las mujeres negras, migrantes, campesinas, indígenas, lesbianas, víctimas, privadas de la libertad, en condición de pobreza extrema o con alguna limitación física y más mujeres con otros apellidos, será ubicada y expuesta en un país en particular. Retrocediendo tan sólo unos 60 años, nos encontramos con que las sufragistas aquí en Colombia lucharon por conseguir el voto femenino y el derecho al trabajo que constituyen derechos plenos. Finalmente, su ratificación, aconteció en el año 1957 en el marco del Frente Nacional.
Sin embargo, cabe preguntar ¿Qué ocurre con aquellas mujeres que por sus condiciones al nacer vivieron opresiones interseccionales? Como por ejemplo aquellas mujeres negras empobrecidas desplazadas o víctimas de la guerra que tuvieron que ir a las calles y trabajar como esclavas sexuales debido a que eran vistas como objetos de placer, de morbo y de fetiche ¿Qué afrontan aquellas mujeres obreras acosadas por sus patrones y explotadas en las fábricas, en las maquilas, en la industria de exportación de flores o aquellas amas de casa que siguen siendo explotadas en los quehaceres domésticos y las múltiples e interminables tareas del cuidado no remunerado?
¿Qué pasa con aquellas niñas y mujeres víctimas de la trata de personas, reducidas a ser motín de guerra o condenadas por vivir en un lugar olvidado por el Estado a ser reclutadas por fuerzas paramilitares para satisfacer las necesidades asquerosas y crueles de esos grupos armados? ¿Qué publican los medios de comunicación respecto a aquellas mujeres que desde hace muchísimos años lideraron la resistencia en contra de terratenientes abusadores, violadores, feminicidas y ricos que se apropiaban de tierras que no les correspondían, como es el caso de Felicita Campos mujer insigne luchadora de la tierra en el departamento de Sucre y la Costa Atlántica? ¿Qué barreras o quiénes han impedido que sus denuncias, sus cuerpos y sus voces sean escuchadas?
Hace 60 años, lo que podríamos llamar la primera ola del feminismo en Colombia era un cúmulo de mujeres que se manifestaban en contra de sistemas de opresión sexistas, pero el resto de las mujeres que sufren por diferentes sistemas de opresión no entendían nada de lo que aquellas blancas burguesas reclamaban porque llevaban trabajando y sufriendo las desigualdades de ser mujer, décadas atrás. En la década de los 70 y 80 surgen otros grupos sociales y políticos de protesta más representativos e incluyentes con las diferentes luchas, aunque solo algunas, en contra de los múltiples sistemas de opresión tales como El Movimiento de Liberación Homosexual, los diferentes acontecimientos en el año 1977 en relación con la interacción social de diferentes grupos feministas y socialistas, asimismo la creación de la Casa de la Mujer y el de un grupo amplio por la Liberación de la Mujer, las luchas por el derecho al aborto, las garantías por la salud reproductiva de las mujeres.
Durante estas décadas, los temas como el aborto, la liberación sexual, la planificación familiar, los movimientos campesinos y el feminismo independiente están en mesa de conversación; a pesar de ello, los mismos esquemas de discriminación como lo son el racismo, la homofobia, la lesbofobia, el clasismo y muchas más formas de manifestación colonialista continuaban con furor en estos espacios “incluyentes” y protestantes, y así continuó durante muchos años e incluso hoy identificamos su presencia en la inmensa pared de ladrillos que conforman nuestra sociedad. Precisamente por esta estructura es que debemos tener enfoques en donde las mujeres de todo tipo se sientan identificadas, representadas, escuchadas e incluidas.
Y si nos adentramos más en lo particular podremos encontrar un universo repleto de experiencias significativas, de historias que se entrelazan con muchas otras más, de feminismos diversos, de conocimientos ancestrales valiosos, de enseñanzas que nos guiarán a través de esta jungla de asfalto y cemento y por las cuales podremos pintar con brochas la singularidad de lo blanco por nuevos colores vibrantes, hermosos y carismáticos, colores como los que narraremos aquí en cuatro capítulos.
CAPÍTULO UNO
Era 1998 cuando Azul llegó a la UT, primípara, poliamorosa, expectante de su carrera boom por ser interdisciplinaria. Ella llegó a formarse para ser una profesional en las Ciencias Sociales, con ojos abiertos y emoción se sumergió en el mundo universitario. Al momento desu ingreso a la universidad de los sueños libres existía un movimiento estudiantil fuerte, organizado y “contundente”. Azul con el tiempo empezó a ser parte de esas reuniones donde estudiantes con pájaros de libertad y justicia alrededor de la cabeza pretendían construir de la mano de aquellas grises directivas la mejor versión de la universidad.
Estando allí tuvo incomodidad, la incomodidad de tener una vagina en medio de las piernas que hacía parecer a sus ideas, ideas ridículas para estos movimientos. Cuando percibióesa forma de la política excluyente con la opinión de mujeres, dejó de parecerle tan contundente, le sabía a perfume barato de hombre y palabrería. En esta jungla de asambleas y debates políticos masculinos en donde tener pene te hacía vocero y ponente, Azul se miró y se reconoció con otras mujeres que hacían parte; pero que al igual que ella, no se sentían parte. Comenzaron a reunirse a tomar tinto recalentado de la universidad, de esos de greca, y a querellarse de forma inconsciente sobre términos feministas existentes que desconocían.
Entonces Azul con su vaso plástico llenito de tinto curiosamente también azul conversaba con sus compañeras, las frases pululaban ¡Que boleta ese man! ¿Cómo así que por tener más bonita letra nosotras hacemos carteleras y ellos hablan? Yo di esa idea ¿Por qué a él lo aplauden y a mí no? y en medio de las frases se escuchó una que puso en pausa a todas las ideas ¿Será que somos feministas? esto las puso a todas en una situación en común: ser mujeres y querer saber sobre feminismo.
Al no contar con la facilidad de San Google, buscaron con las uñas ese conocimiento, así como los libros y los espacios feministas. Alrededor de sus cabezas, manos y vientres empezaron a volar mariposas de libertad que les quitaban suavemente la ignorancia y las hacían tomar picos para romper las paredes machistas a su alrededor, paredes que las mantenían estrechas no solo de cuerpo; sino también de alma y de voz.
Aquellos conocimientos eran eurocéntricos pero liberadores y no trataban de muchos tipos de feminismos así que Azul y sus colegas con ese conocimiento que te pedía una etiqueta no se sintieron identificadas, no querían definirse como feministas liberales, anarquistas o socialistas, decidieron definirse como feministas del sancocho y así comenzaron a verse en las políticas feministas y conformaron el primer grupo feminista en la universidad de los sueños libres, de la UT, el CFEST (Colectiva feminista de estudio y trabajo) y con un mar de insultos queriendo hundir sus cabezas.
Azul puso todo su color y a su lado estuvo hasta terminar la carrera en el 2003, el grupo continuó hasta disolverse sin fecha exacta y sin saberlo, Azul no tiene esa memoria, pero está segura de que parte de su color sigue regado por ahí. Inspirado en ANA MARIA CASTRO, maestra egresada de la Universidad del Tolima y directora de la Unidad de Género de la misma universidad.
CAPÍTULO DOS
Celesta, piel morena y ojos negros, tranquila como las nubes y fuerte como el rayito de luz que besa la ventana abre este capítulo con ideas revolucionarias enredadas en el pelo. Desde niña conoce el mundo con una labor social, le intriga el día y guarda en su garganta el canto de la revolución. Ingresa un veintitantos de mayo del 2007 a formar parte del estudiantado en la universidad de sueños libres. Celesta, con la vida entre las manos no tiene ni idea de lo que el mundo le tiene preparado. Recorre el campus y se enamora de sociología, se observa entre colores y se identifica con Verde, un hombre sereno de voz fuerte y corazón de gelatina verde, quien ya tenía conocimiento de las pinceladas del Tolima. Desplaza a Celesta al cincel de la lucha, pues para esas fechas el cuadro pintaba mal, la minería agresiva amenazaba con llevarse los recursos, las fuerzas marrones amenazaban con declinar los colores vivos del pintor, así es entonces como Celesta conoce a un grupo de colores en son de lucha, cada uno distinto al otro con el único factor en común, ser tocados con el mismo pincel de la violencia.
Para ese entonces, el estudiantado recobra fuerza alzando la voz y los movimientos políticos eran dirigidos por colores masculinos. Agua, consciente de sus capacidades intenta encontrar un espacio en donde resaltar sus ideas, observa sus colores complementarios que se llamaban a sí mismos, grupo feminista, desde una posición política las feministas no eran reconocidas por su lucha, a pesar de afrontar problemas iguales al resto de colores, eran rechazadas, etiquetadas de fachas por alzar la voz y cantar desde el dolor, “ ahí van las feminazis” eran los comentarios rastreros de los colores sobrantes, se notaba el odio y una clara separación de los papeles importantes en el óleo. Discriminados, los colores complementarios se volvían cada vez más ajenos a la pintura, las coloras nuevas que se sentían de la misma manera se excluyen de los complementarios por miedo a ser tachadas como irrelevantes en la lucha.
Nunca nadie habló de las coloras distintas de esas que ni los primarios podrían opacar una vez tintaran el cielo, ni el caballete, ni el pincel y mucho menos el pintor tenía idea de cómo implementar estas coloras. Era más sencillo excluirlas al bote de basura cercano. Celesta odiaba el papel que desempeñaba, le parecía injusto y hasta empezó a odiar su color, se sentía excluida y se refugiaba en brazos de Verde. el tiempo pasa y el lienzo está lleno, el tiempo pasa y Agua se gradúa no sin antes dejar pasos tatuados en baldosas partidas, el tiempo pasa y Agua sabe que volverá más fuerte, más preparada, menos muda, el tiempo pasa y sus pies están llenos de camino, el tiempo para y nota a lo lejos unos ojos sabios, ruidosos, unas manos dispuestas a acogerla, un rostro azulito, azulito como el cielo a las 8 de la mañana. Inspirado en CAMILA PATARROYO, socióloga egresada de la Universidad del Tolima, ella hace parte de la Unidad de Género de la UT. CAMILO MOYA ingeniero industrial egresado de la UT.
CAPÍTULO TRES
La universidad y el mundo estaban bajo la sombra de la distancia, adoloridos y como zombis hacían su mayor esfuerzo, cada una de las partes hacía su mayor esfuerzo. El mundo estaba en pausa, besar e incluso tocar era correr hacia la muerte. Los soñadores solo podían cuidarse, cuidar a los suyos y la política al igual que el tacto parecía escondida en medio del resguardo. Con pena en las espaldas y con ojos cuadrados estaban aquellos soñadores envueltos por muchos gatitos perezosos y miedosos, pesados como elefantes y dolidos en el alma por la falta de humanidad.
Debatir mientras se mira a los ojos es más estimulante que hacerlo en una inerte pantalla, costaba no poder tertuliar ni hacer tumulto. En medio de esta luz artificial Amarilla amarillita como el sol tuvo que oponer su brillo natural a este brillo artificial. Era el año 2020, por allá en agosto o septiembre quizá y por medio de una pantalla Amarilla intentaba aprender, tuvo que ser así hasta comienzos del 2022 y cuando por fin caminó el campus, ella y los demás colores antes resguardados ya venían tocados por lo que fue el paro. Amarilla se fijó en un movimiento de los muchos que tenían en ese momento como lucha común el paro.
Las manchas moradas en los cuerpos de aquellas tan variadas y coloridas chicas captó su atención, el feminismo le susurro al corazón. Las clases empezaron y de su mano, las denuncias en donde dos colores compañeros habían sido denunciados por colores compañeras de Amarilla, así hubo otro estallido en la universidad de los sueños libres porque a pesar de su nombre, los cuerpos, mentes y almas de las mujeres de la universidad de los sueños libres se sentían reprimidos y con miedo, debían ser escondidos.
Amarilla tuvo la imagen del movimiento feminista; pero solo veía fichas de un perfecto rompecabezas, fichas que estaban separadas, dispersas y en parches, y Amarilla también notó que su alma estuvo durante todo este tiempo envuelta en una crisálida que daba guiños de lo que podía ser y le pedía teoría para abrirse por fin hecha mariposa. Amarilla pudo conocer los feminismos por medio de charlas, en donde tuvo la iniciativa de asistir y pudo reconstruir su pensamiento y su visión del mundo desde una crítica más allá de su opinión política, desde el cotidiano vivir hasta los factores de los medios de producción capitalista. Para ella es un extracto conceptual de todas estas teorías maravillosas tan plurales, ricas en análisis conceptuales y críticas fuera de lo eurocéntrico que proponen la emancipación de la sociedad.
Quiso identificar esas fuerzas de dominación patriarcal en su entorno, que era y es la ruralidad. Por esa misma línea, Amarilla encontró por fin el tinte morado que más encajaba con su amarillo, el ecofeminismo, que por fin la hizo reflejarse en el sol. Se atravesó por las ramas y las hojas de los muchos árboles del entorno y se encontró en los tonos amarillos de las gentes campesinas e indígenas; sobre todo, en los tonos morados de las mujeres a su alrededor. Actualmente no pertenece a una organización con visión feminista; pero trabaja con el movimiento agrario y junto a su organización lleva procesos en Tolima por la lucha agraria y la emancipación campesina.
En medio de esto, han surgido procesos para la emancipación de la mujer campesina, la mujer rural y la mujer indígena, Amarilla como el sol les quiere alumbrar el camino, Amarilla como el sol quiere ver maíz, Amarilla como el sol quiere ver papa, Amarilla como el sol quiere ver café, Amarilla como el sol quiere ver sonrisas de dientes amarillos por el café, amarillos en la sonrisa grande de algún campesino o campesina, Amarilla como el sol las quiere libres de explotación, Amarilla como el sol quiere hacerlos brillar como estrella con luz propia y libertad. Inspirado en MARÍA CAMILA ECHAVARRO, estudiante de Ciencia Política de la Universidad del Tolima, integrante de un movimiento agrario.
CAPÍTULO CUATRO
Mi nombre es Piuné, soy hija del agua, hija de la tierra y del sol, mis pies son las raíces de los ríos del Cauca, mis ojos, dos semillas de árboles sabios, mi piel es dorada como los atardeceres en el monte y mi voz serena como el viento que acaricia las flores, hago parte de los Nasa, soy oriunda de dos comunidades distintas, nací con voz y eso asustó a más de uno. He tenido que huir de mi tierra por pensar diferente, por revivir las luchas de mis madres, he sido espectadora de violencias, injusticias, he visto sangrar a la Pachamama, soy indígena, tejedora de ideas y aprendiz del tiempo.
Para el 2018, el pájaro de la curiosidad me llama, requiero conocer nuevos lugares, nuevos olores, recorro opciones de estudio y doy con la universidad de los sueños libres. El Tolima me sonríe y yo de coqueta acepto su invitación. Dos pasos adelante volteé la mirada siendo consciente de lo que dejaba atrás. Ibagué, Ibagué… Una llega con expectativas y buscando ser acogida, me adentré a la universidad y casi por necesidad indagué en cada rinconcito hasta encontrar parte de mi comunidad estrellándome con la gran barrera de los choques culturales entre cabildos.
La universidad desconocía casi por completo a sus nativos y la unión era inexistente. Abrumada entro alzando la voz, dando mi discurso de unidad y llamando a la lucha por los derechos ancestrales, en una de esas reuniones nos dimos cuenta de la gran variedad de pensamiento entre nosotros los indígenas, a pesar de acarrear las mismas luchas, cada uno tenía una manera de afrontarla distinta. Empezar a ser miembro del Cabildo que estábamos formando me trajo muchas ventajas; pero a su vez, la sombra del machismo permeaba y entorpecía las luchas internas. Empecé a notar desigualdades absurdas pertenecientes a la colonización y sus afectaciones. En uno de esos viajes que realizábamos como Cabildo uno de los hombres golpeó a una compañera y al exponer el caso ante la comunidad nos vimos sumamente indignadas, pues se minimizó por completo el problema, sin duda la cachetada nos hizo despertar, no podíamos pertenecer a un grupo que nos excluye y nos impone roles de género patriarcales.
Por autonomía, a finales del año pasado, creamos nuestro propio Cabildo Indígena de Mujeres Comunitarias. Entre nosotras tejemos libertad, luchamos por la diversidad de etnias, tenemos voz y fuerza, nuestras huellas están marcadas en cada salón, en cada silla, en cada baño que ha sido tocado por cada una de nosotras. Estamos aquí y siempre estaremos, somos dueñas de la tierra y originarias de aquí, nos apropiamos de lo que nos corresponde y no estamos dispuestas a bajar la voz “Esta lucha nos une, esta lucha la ganamos las hijas de Pachamama” Inspirado en PIUNÉ MUELAS, estudiante de Sociología de la Universidad del Tolima UT, participante del Cabildo Indígena Mujeres Comunitarias.
Aproximarnos a estas narrativas amplifica la perspectiva que tenemos del movimiento feminista, ver la realidad de un proceso social tan cercano nos ha abierto el corazón y las ideas, nuestros ojos apreciaban unas manifestaciones emancipatorias de las mujeres y sus procesos en el presente sin reconocer cómo se fue estructurando y configurando a través del tiempo en el territorio habitado de la universidad de los sueños libres. Aunque no hayamos pertenecido desde siempre, nos ha dado una sensación de pertenecía y de apropiación del movimiento. Ante las dinámicas de los feminismos en la UT, somos capaces de forma comprensiva de aplaudir la lucha dada, reconociendo lo largo que el camino es y entendemos que éste no se detiene y que hace falta comprender los feminismos desde una postura y también desde una acción emancipadora e incluyente.
Es preciso invitar a las nuevas generaciones de estudiantes al abordaje cotidiano, riguroso, histórico, académico y sensible sobre los feminismos que circulan, florecen y se fortalecen dentro de nuestro campus. Las nuevas identidades universitarias estamos llamadas a reivindicar a las mujeres revolucionarias, investigadoras, escritoras, artistas, activistas, sabias del pasado, a cuidar y luchar en el presente por nuestros derechos y desear un futuro cada vez más justo, más lleno de color. Recordamos y analizamos el pasado, luchamos y gritamos representando a nuestras mariposas de colores que no pudieron hacerlo, somos las únicas heroínas de nuestra historia. Nos negamos a tener miedo y por eso tenemos tanto poder.
“Nosotras mujeres, poderosas y sagradas, declaramos sobre esta noche sagrada, que nuestros maravillosos cuerpos sólo nos pertenecen a nosotras hasta morir. Elegiremos a quién amar y con quién la confianza compartir, caminaremos sobre esta tierra con gracia y respeto y siempre orgullosas de nuestro gran intelecto. Honraremos nuestras emociones para que nuestros espíritus se eleven; y si algún hombre nos hace menos ¡La puerta le mostraremos! Nuestros espíritus son inquebrantables y libre nuestra imaginación...”
* Trabajo final del curso Introducción a las Ciencias Sociales. Estudiantes de Sociología de la Universidad del Tolima.
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